Nov

01

Al Tíbet de Colado


Por: Diego Cebreros, Embajador de Tatoo

Cuando me dijeron que iba a ir al Campo Base del Shisha Pangma acompañando a Carlos Soria, dije que sí, sin pensarlo, muy a pesar que significaba tener que estar un ciclo más en la universidad algo que en verdad no me importó.

Carlos Soria, para los que no lo conocen, es un montañista que tiene 74 años. Sin embargo, lo que destaca, a más de su edad, es su increíble motivación por la montaña, motivación que lo ha llevado a escalar por más de 60 años. Entre sus escaladas destacadas fue estar en la primera expedición española al Elbruz, Denali, Makalu, o conquistar las montañas más altas de cada continente y haber escalado con éxito 10 Ochomiles.

Siendo escalador no me hubiera importado ir como porteador hasta el campo base, pero esta vez me toco ir como “periodista” de Caretas (publicación peruana) para cubrir el proyecto de Soria, que se denomina “Reto Carlos Soria”. El proyecto consiste en lograr hacer cumbre de las 14 montañas más altas del mundo. Desde el momento que me dijeron la noticia hasta que llegue al aeropuerto (con una sola mochila) todavía creía que todo esto era algún tipo de broma, pues ir a Nepal y al Tíbet es de esos viajes que uno nunca espera que algún día pueda realizar y mucho menos como parte de una expedición tan grande.

El hecho de llegar al aeropuerto de Barajas en Madrid, lugar que fue punto de encuentro de la expedición, hizo que el peso de la realidad cayera sobre mis hombros, más aun cuando luego de conocer a Carlos y al resto de los expedicionarios, Cecilia quien es la esposa de Carlos me sorprendió con una larga conversación sobre lo LINDO que es Perú. Todo esto mientras decenas de periodistas españoles entrevistaban a los expedicionarios y Carlos, el cual era interrumpido constantemente por abrazos de sus nietos.

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Foto: Carlos Soria con una grata interrupción durante su entrevista. Aeropuerto de Barajas, Madrid.

Tras las casi 16 horas de vuelos, que contó con una conexión en Estambul para llegar hasta Katmandú, Nepal. Durante todo el aterrizaje me quede pegado a la ventana, pues esperaba ganarme con alguna imagen del Himalaya, pero solo pude ver la selva Nepalí que se extendía alrededor de innumerables ríos. En Katmandú íbamos a pasar 4 noches con el fin de organizar las casi 2.5 toneladas necesarias para que Carlos y el resto de su equipo se queden 1 mes intentando hacer cumbre en el Shisha Pangma.

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Foto: Visa de entrada a Nepal. (Nótese la firma del funcionario en la derecha)

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Foto: Carlos Martinez doctor de la expedición mostrando su “Mono”, mientras prepara su equipo.

Pasaron los días en Katmandú entre visitas a templos tanto budistas como hindús, haciendo compras y coordinando los últimos detalles con la agencia para ir al Tíbet, donde el verdadero viaje comenzaría.

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Foto: La segunda Stupa más grande del mundo.

En la frontera con Nepal, me dicen que guarde mi cámara y me preguntan si deje mi credencial de Caretas en Katmandú, les respondo que sí. Así que me dispongo a dar los primeros pasos para cruzar el puente de la “amistad” (nombre del puente que une a Nepal y el Tíbet). Veo una gran bandera China y grandes edificios que amenazan del otro lado, edificios que son resguardados por centenares de militares. Nuestras dos toneladas y medio de equipo y comida también cruzaron con nosotros con la ayuda de porteadores nepaleses hacia las aduanas en medio de un caos total.

Las aduanas, que de aduanas tenían poco y de fortaleza militar mucho más,  nos hicieron pasar más penurias de las que pensábamos, nos confiscaron algunas bolsas de comida y hasta tuvieron que revisar un libro que a ellos les resultaba sospechoso, pero luego de casi tres horas ya estábamos del otro lado de la frontera. Tuvimos que cruzar casi 7 puestos militares chinos en menos de 10km para llegar a Zhang mu lugar donde íbamos a pasar nuestra primera noche en el Tíbet.

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Foto: Tras una caminata de 4hrs en Nyalam!

Al día siguiente partimos hacia Nyalam, nuevamente 2 controles militares chinos nos detuvieron antes de llegar a esta pequeña ciudad con altitud de 3600 msnm, la primera ciudad hasta ahora que nos pareció realmente “tibetana” muy a pesar de algún guardia chino que rondaba la zona. Decidimos hacer una excursión por un camino que vimos en la ladera de un cerro, Soria lideraba el grupo mientras que se detenía cada cierto tiempo a acariciar un perro o tomarle foto a alguna flor que lo cautivaba, y es que no se trata de caminar por caminar sino de caminar por disfrutar. Algo que pudimos sentir todos pues el humor de la expedición en si era animado mientras algunos con más esfuerzo que otros subíamos 400 metros de desnivel charlando animadamente y hasta haciendo bromas, dejando atrás la tensión y el estrés de la frontera.

Al llegar a la cima y por ende al final del camino, todos nos sorprendimos con un gran número de banderas tibetanas que ondeaban con el viento, aquellas banderas tibetanas cubrían una serie de picos nevados que contrastaban con el paisaje seco de las montañas que nos rodeaban, algo que a mí me hizo recordar mucho a Perú, tras tomar un par de fotos decidimos bajar para descansar pues al día siguiente íbamos a realizar otra caminata más larga aun con fines de aclimatación.

Al tercer día partimos hacia el campo base chino del Shisha Pangma, el cual se llega en carro por una carretera muy buena. Tras 4hrs de viaje en coche porfin llegamos al campo base chino, donde tuvimos que hacer las gestiones correspondientes con el gobierno chino. Mientras cenamos, los 12 miembros de la expedición (de los cuales 7 solo somos acompañantes), escuchamos desde afuera del comedor que el Shisha se había despejado, por lo que todos apresuradamente nos dirigimos fuera de la carpa para observar el espectáculo que es ver una de las montañas más grandes del mundo, montaña que Carlos y el resto de los expedicionarios tendrán que enfrentar.

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Foto: Vista del Shisha Pangma desde el campo base chino

Soria ya estuvo en el Shisha Pangma en el 2005, año que llego a lo más alto de la cumbre central y parece no molestarle haber regresado para escalar 15 metros más. 15 metros que necesita para llegar a la cumbre principal (cumbre válida para completar las 14 montañas más altas del mundo) que aquella vez no pudo coronar debido a las difíciles condiciones que presento la montaña en  ese momento.

La motivación de Carlos para seguir subiendo montañas radica en que las montañas son su elemento, así como los surfistas pertenecen al mar, Carlos pertenece a la montaña. La montaña es el sitio donde Carlos se siente más cómodo, se le nota en su expresión al salir a caminar, al mirar la montaña o al contar sus historias; como la vez en la que monto bicicleta desde Paquistán hasta China teniendo 52 años, entre muchas más.

Temprano en la mañana el sol nos da de lleno a nuestras carpas, en el campamento contamos con 6 carpas en la cual nos repartimos los “acompañantes” (periodistas y empleados del BBVA) y los “expedicionarios”, también tenemos una carpa cocina y una carpa comedor/comunicaciones. El frio de la mañana me saca tiritando de la carpa para dirigirme a la carpa cocina con el fin de encontrar algún brebaje que me caliente. Debido a nuestra ubicación en el campo base chino, el cual es el punto que Carlos ha escogido para hacer las últimas caminatas de aclimatación antes de dirigirnos hacia el campo base avanzado, tenemos una vista privilegiada del Shisha, que me saluda con sus imponentes 8024 metros.

De un momento a otro tras haber desayunado y haber sido sometido a exámenes de tensión arterial y saturación de oxigeno tomados por el doctor Carlos Martinez, comenzamos a levantar el campamento para dirigirnos al campo base a una altitud de 5700 msnm. Para esto necesitamos 40 yaks de carga que cargaron las 2.5 toneladas por casi 8 horas de camino. Estos curiosos animales resultaron ser más malhumorados de lo que esperaba así que mi intento de tomarme una foto acariciándolos se vio frustrado por mi miedo.

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Foto: “Yakeros” intentando amarrar los bidones en un “feliz” yak.

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Foto: Una de las muchas caminatas de aclimatación

Caminamos 8 horas para llegar al campo base en donde pasaríamos dos noches antes de despedirnos de Carlos Soria y el resto de los expedicionarios.  La vida en el campo base es sencilla y aunque estuvimos poco tiempo si no estás en la montaña escalando te queda leer o caminar por el glaciar, así que como buen escalador no me quede quieto en el campo base y fui a buscar mi propia cumbre de algún durmiente del glaciar, solo con mis bastones y una piedra puntiaguda para poder tallar escalones.

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Foto: Nacho Tena, jefe de patrocinio, intentado escalar el glaciar.

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           Foto: La bandera de Perú nuevamente en el Shisha!

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Foto: Diego Cebreros (yo) embajador de Tatoo con el Shisha a mis espaldas.

Al final los días en el campo base se pasaron volando, tuvimos que regresarnos en una madrugada con mucho frío, pero todo este viaje me dejó la sensación de regresar algún día ya no de “colado” sino como montañista. Fue increíble poder compartir la experiencia con tan grandes escaladores y montañistas, solo regreso a Perú con la motivación de entrenar para soñar nuevamente con volver a estos parajes.

Ya en Lima me entere que Carlos no consiguió la cumbre. El mal tiempo y el riesgo que implicaba el exceso de nieve lo hicieron darse vuelta a pocos metros de la cumbre. Y es esa filosofía de respetar la montaña y escucharla lo que ha ratificado sus 60 años escalando sin necesitar ningún rescate. 

¡Gracias a Carlos Soria y al resto de su equipo!, al BBVA, Caretas y sobre todo a Tatoo!!!!! Por el apoyo y la confianza.

Equipo usado:

Leadville Jacket de Marmot  http://pe.tatoo.ws/catalog/article?id=3811&cid=110 

Interior Sajama de Tatoo http://pe.tatoo.ws/catalog/article?id=2202&cid=458

Frontal Spot de Black Diamond http://pe.tatoo.ws/catalog/article?id=5157&cid=448

Pantalón Arequipa de Tatoo http://pe.tatoo.ws/catalog/article?id=2704&cid=119

About Diego Cebreros

Lima, Perú. Apasionado por la aventura. Diego siempre ha estado en busca del contacto con la naturaleza, ya sea practicando vela, deporte del cual fue seleccionado nacional, o escalando roca la cual es su máxima pasión. Lejos de ser el escalador más fuerte, siempre es el escalador que más disfruta escalar. Más información sobre Diego Cebreros
 

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