Jun

28

Amigos en el Volcán Sollipulli


Todo comienza en el invierno del 2015 quedan pocos días de vacaciones el clima no a sido de los mejores, lluvias y días fríos.

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Mi compañero de aventuras y trekking “Húngaro” y yo estamos aburridos e inquietos al estar encerrados esperando que mejore el clima, comenzamos a ver las condiciones climáticas para distintos lugares dentro de la novena región y uno de los lugares que nos daba mejores expectativas era el volcán Sollipulli (38°58’34.1″S 71°31’05.1″ O) ubicado a 120Km aprox de la ciudad de Temuco, se avecinan tres días de buen clima, se toma la decisión de salir solo los dos.

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Nos conseguimos un vehículo con doble tracción, porque ya conozco el camino y no es de los mejores; preparo todo lo necesario para la salida, mi mochila la cámara, saco de dormir, carpa, comida y otros utensilios y las cosas de Húngaro comida, frazada, arnés, correa juguetes. Ya estamos listos para salir temprano. Al día siguiente, despertamos, cargamos nuestro equipo, Húngaro está muy ansioso e inquieto por salir y de la nada comienza a llover, cada vez más fuerte y más fuerte, no paraba y nosotros aún esperando que el clima se arreglara. Pasan varias horas hasta que el clima tiende a mermar.

Luego de ya ir viajando durante un par de horas, estamos por llegar a nuestro destino y a la vez, a la parte mas complicada del camino. Mucho barro en ciertos lugares, manchas de nieve y agua que corre por la ruta provocando grandes surcos. Ya casi a pocos metros de la entrada, se nota que ha pasado una máquina despejando el camino de la gran cantidad de nieve acumulada.

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Finalmente, llegamos a nuestro destino (aproximadamente a 1500 msnm) luego de una subida bastante agitada logramos llegar. Húngaro está extasiado por bajar, correr y disfrutar de la nieve; le encanta. Lo dejo que recorra, disfrute el momento mientras arreglo los últimos detalles para comenzar nuestro trekking en dirección a la cumbre del volcán. Pongo las raquetas bajo mis pies para iniciar la marcha, un silbido a Húngaro y partimos a caminar. De pronto, escuchamos un ruido muy fuerte, era la persona en la máquina que despejaba el camino. Se acercó a nosotros y nos pregunta ¿a dónde íbamos? A lo que respondí: ” A la cumbre del volcán”; él extrañado me vuelve a preguntar ¿y tú solo con el perrito? Sí, claro, él con una cara de asombro nos queda mirando y nos dice con un tono de risa “ustedes están locos, yo no caminaría en ese bosque con nieve” yo solo le sonreí, me despedí de él y comencé a caminar con Húngaro.

Mi fiel canino continuaba muy ansioso, corría por el sendero, iba y venía, se enterraba en la nieve, simplemente estaba feliz. Solo esperaba que toda esa energía le durara para unas cuantas horas más.

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Después de un rato caminando, algunas fotografías fui realizando con mi cámara, un paisaje y solo el sonido del viento entre los árboles eran el momento perfecto para inspirarme. Llegamos a un lugar donde teníamos pensado acampar, montar nuestra carpa y pasar la noche en aquel sector, para luego, a la mañana siguiente llegar a la cumbre del Sollipulli. Pese al entusiasmo que teníamos y las ganas de estar en ese lugar, no pudimos montar la carpa ni nada, las condiciones climáticas cambiaron de un momento a otro, luego de tener un día relativamente despejado, se comenzó a nublar, corría mucho viento, nos refugiamos tras unos arbustos y arboles cercanos.

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Esperamos un momento para ver si era algo pasajero pero con el pasar de los minutos había más viento y un poco de lluvia que impedía el avance continuo. Observe que Húngaro estaba mojado y el viento aún no apaciguaba. Saqué una tercera capa extra que llevaba en caso de emergencia y se la coloqué a él para que fuese más soportable el frío en aquel lugar. Luego de confirmar que no se calmaría el viento y que la lluvia se hacía más copiosa, decidí que lo mejor era devolvernos hasta donde habíamos dejado el vehículo. Se apreciaba que Húngaro no tenía muchos ánimos de volver, así que tuve que explicarle que así no podíamos quedarnos, el me miraba e inclinaba su cabeza a un costado como si estuviese tratando de entender la situación, comenzamos nuestra bajada muy rápida y Húngaro se adelantaba, me esperaba cuando yo me demoraba, él siempre volvía por mi.

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Luego de estar ya en el bosque del sendero, la lluvia casi no se notaba por lo tupido de la vegetación, le saque el impermeable a Húngaro y continuamos haciendo un rápido descenso. Logramos llegar al vehículo con luz de día, ingresé a Húngaro al interior del vehículo y lo sequé lo más que pude entre sus dedos, su pecho y mucho masaje con el paño que lo secaba en todas sus patas para generar calor en ellas.

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Después que ya estaba más seco, desarmamos la mochila y a preparar nuestra comida, la temperatura ambiente estaba muy baja, más o menos alrededor de 4º C (según lo que marcaba el reloj). Una buena comida, descanso y a preparar donde dormiremos, como Húngaro solo se había secado con lo que le había pasado no era conveniente que se mojara más, pese a que tiene muy buena protección para el frio, preferí no arriesgarme a que se enfermara y decidí que dormiríamos dentro del vehículo. Le preparé su sector para dormir con una manta de micropolar, lo sequé un poco más. La noche llegó rápidamente y la temperatura bajaba aún más. Ya era tiempo de dormir, apagar las luces y descansar un par de horas para luego realizar algunas tomas fotográficas nocturnas; confiado en que despejaría por la noche, alrededor de las 12:00 am y 1:00 am se despejó el cielo, ahí fue cuando aproveché para hacer fotografías nocturnas. Duró solamente una hora o dos como máximo, luego se volvió a nublar y casi inmediatamente comenzó a caer agua nieve.

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Cuando estás solamente con tu amigo de aventuras de cuatro patas en un lugar, sin señal de ningún tipo de celular o radio y con la persona mas cercana a ti a varios kilómetros de distancia, llegan momentos en que las decisiones que tomas pueden ser muy buenas o muy malas, decidí quedarme a dormir de todos modos en ese mismo lugar, tan solo pasarían unas cuantas horas para que despertáramos con una sensación térmica dentro del vehículo de -7º C y a través de las ventanas del vehículo se observaban claros signos de que estaba nevando, prendí la luz y a encender el motor para salir de aquel lugar, no sabíamos si la máquina que quitaba la nieve pasaría al día siguiente, ni mucho menos a que hora, ya que no es un camino muy concurrido por las personas. Húngaro se sentó a un costado mío y miraba fijamente todo lo que yo hacía. A eso de las 5:30 am comenzamos a bajar nuevamente por ese difícil camino que subimos, ahora estaba completamente oscuro, con más nieve que antes y en los sectores donde corría agua ahora estaba congelada. El vehículo pese a que estaba con la tracción 4×4 activada, se resbaló más de una vez, Húngaro estaba muy concentrado en el camino y a ciertos momentos nos mirábamos como diciendo “lo vamos a lograr”.

Pudimos bajar victoriosos todo ese largo trayecto sin mayores dificultades, llegamos muy temprano a casa y Húngaro feliz lo demostraba con juegos y saltos.

Hubiésemos deseado poder lograr nuestro objetivo, acampar y llegar a la cumbre, pero el no lograrlo en esta oportunidad nos da el motivo de volver a intentarlo nuevamente con mi gran compañero de aventuras de cuatro patas, mi fiel amigo Húngaro.

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