Jun

20

Caminata a la cumbre del Rima Rima con Carlos Ly


Todas las personas a las que les pregunté sobre como subir, me decían: subí caminando, es una subida fácil, te vas a divertir…

 Y ahora me encuentro haciendo un rapel sobre la nieve pidiendo que no se vaya a romper el único cachito que pudimos encontrar de donde bajar. Definitivamente, esto no era un momento de diversión “Tipo 1”.

En las aventuras, muchas veces hablamos de diversión “Tipo 1” y diversión “Tipo 2”.

Tipo 1 sería: una caminata con clima perfecto, una vista alucinante, y mucha risa. Como cuando todo sale dentro de lo previsto. Tipo 2 sería: cuando pasa algo improvisto que te hace pasar un mal rato sin consecuencias graves pero que después te deja con una gran historia que contar y que en el momento, no es agradable. Como cuanto te vas de campamento y a la hora de tomar la sopa te das cuenta que dejaste la cuchara en la casa y tienes que improvisar una ramita para comer los fideos, o sales a escalar un multi pich de 5 largos y dejas todo en el carro para ir ligero, cuando estas bajando se nubla tanto que terminas perdido varias horas y peor aún, comienza a llover, cómo el día era perfecto no estabas preparado para la lluvia, o te vas a una gran pared y en el vivak se te cae la bolsa de dormir.

Con estos ejemplos es muy probable que entiendas el concepto de diversión Tipo 2. Bueno, la caminata maratónica que hicimos la semana pasada al Rima Rima me hizo acordar de estos dos tipos de disfrute.

Desde mi ventana, el Rima Rima siempre me ha llamado la atención con su pico rocoso, diferente a los nevados que lo rodean. Este macizo tan cerca a Huaraz se veía accesible y parecía ser una salida de “tipo 1”, bueno, menos la alarma que nos despertó a las 4 am.

Llegamos a la entrada de la quebrada Llaca con las primeras luces del día, listos para la aventura. Sabía que teníamos que caminar bastante en un terreno empinado y de altura, ya que la cumbre está a 5,248 msnm.  Las primeras horas de subida pasaron rápido. El frío no era mucho pero la caminata nos calentaba. Llegamos a la falda del pico de la montaña, y le calculamos una hora de subida más. Entonces, nos sentamos a tomar un buen desayuno con la vista privilegiada. Clásico “Tipo 1”.

Después de los selfies que ameritaba esa vista, decidimos emprender el “último tramo” de la caminata. Elegimos subir por una canaleta a la izquierda de la cara que da a la ciudad de Huaraz, que parecía ser menos roto y viable. Mientras que subíamos, la roca estaba más fragmentada y vertical. Pronto estábamos free soleando en zapatillas un 5to muy expuesto que amenazaba con ponerse peor. Comencé a cuestionarme porque no me había encordado con Megan, y busque un lugar cómodo para sacar el equipo. Cómodo es relativo… mejor pregúntenle a Megan si se sentía cómoda.

Una vez encordados y la reunión instalada, empecé a subir lo que parecía ser los últimos metros para coronar la cumbre. Esto pasó 3 veces, mientras que subíamos la interminable arista de roca descompuesta. Cuando por fin llegamos a la cumbre nos tomamos un tiempo para gozar de la increíble vista de las montañas que nos rodeaban, el cielo despejado, con poco viento y muchos ánimos. Todavía clásico “Tipo 1”.

Después de armar la pirqa respectiva, que daba fé de nuestro logro, emprendimos la retirada. Megan sugirió que bajemos por atrás de la montaña, para evitar bajar por rocas sueltas y terreno inestable. Habíamos escuchado que todos suben caminando al Rima Rima, entonces asumimos que el otro camino tendría que ser más tranquilo, porque por donde nosotros subimos no lo fue.

Desescalamos con cuidado este castillo de rocas sueltas hasta que dimos con un punto de rappel, y otra vez pensamos estar cerca del final de la aventura.

Al terminar el rappel, la montaña nos sorprendió con una gran rampa de hielo. Quedo claro que tendríamos que improvisar más puntos de rappel hasta poder terminar esta sección de nieve. Nuestra aventura de roca rápidamente se puso húmeda y fría. Agradecí haber cargado la cuerda y varios cordinos extras, algo que debatimos, Megan y yo, la noche anterior, ya que “todos suben caminando”. Pasamos media hora buscando un punto seguro por donde atar un cordino y seguir bajando. Entonces, encontré un cachito rocoso y delgado por donde podría pasar el cordino. No tenía la seguridad que aguantara, pero también pensé que como el rappel sobre la nieve no era totalmente vertical, podría aguantar. La cara de Megan me dijo todo: ya habíamos cruzado a una aventura “Tipo 2”.

El cielo empezó a mostrar sus colores de atardecer, y nos faltaba todo. Bajamos un rappel más, y bordeamos la roca por donde no había nieve hasta que dejó de ser tan vertical. Por fin guardamos la cuerda y convencidos que se nos acababa el día, nos deslizamos sentados sobre la nieve, estilo “ski ski”. Todavía nos faltaba bajar una morrena, cruzar un bosque, y caminar sobre pista hasta Huaraz (muchas horas más).

La noche llegó y me acordé cuando Megan me dijo que no olvidara el frontal, que por supuesto olvidé. Entonces, bajamos tomando turnos, alumbrando el camino de ambos, tratando de buscando el camino correcto. Llegamos a un punto donde no se podía bajar más caminando, y tomamos un descanso en unos queñuales al borde de un precipicio oscuro. Solo nos quedó bajar en rappel, fijando a los árboles. Como estaba oscuro, no estábamos seguros que llegaría la cuerda al suelo. Efectivamente, no llego!  Me tocó avisarle a Megan mientras bajaba, que la cuerda no llegaba y que tenía que armar otra estación en un árbol más abajo. Esperaba que me escuchara, ya que estaba parado sobre nada. Después de otro descuelgue y una cuerda atracada, llegamos al piso y seguimos bajando por el interminable bosque en esa noche de luna.

Cuando llegamos a la carretera, pensé que nos faltaba todo el camino de Llaca a Huaraz, una hora y media en auto de distancia. Con la ayuda de unos buenos amigos, conseguimos un taxi que aceptó recogernos en medio de la montaña a la 12:30 de la noche, entonces volamos al punto de encuentro. Con el fin de esta aventura a la vista (ahora si), nos pudimos relajar y pensar en las cosas que deberíamos tener en cuenta para la siguiente salida.

Bajando a Huaraz en el taxi, mientras cambiaba el aroma del auto de fruta dulce a zapatillas húmedas y trajinadas, Megan dormida, reflexionaba que esta salida realmente había sido un clásico de “Tipo 2”. Mucho más intensa de lo que esperábamos, con momentos de cansancio, desánimo, un poco de miedo, alegría, sobre todo mucha aventura y agradecimiento a la montaña porque todo salió bien.

 

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About Carlos Ly

Escalador y Fotógrafo. Aprendió a escalar en el año 2000 en la universidad y desde entonces disfruta de cada momento que pasa en la montaña y de cada una de las actividades que tengan contacto con la naturaleza. Más información sobre Carlos Ly.
 

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