Jul

18

Cerro Punta Canaletas por la ruta del Porfiado.


Porfiar: Disputar obstinadamente y con tenacidad… En Chile, ser porfiado muchas veces se toma como algo negativo, pero en la montaña, hay cumbres que se logran solo de esa manera.

Eso me pasó este último fin de semana, cuando por tercera vez (y segundo fin de semana seguido) me dirigí en solitario al cerro Punta Canaletas, uno de esos 4 miles olvidados, empañados por sus hermanos más altos e interesantes. Este cerro queda en medio de un cordón montañoso que ocupa el flanco oeste del valle de Morales en el Cajón del Maipo. A su lado se encuentran los imponentes San Francisco y Morado, que con su cara sur, eclipsa todo a su alrededor.

Sin embargo, siempre he sentido atracción por esas montañas poco visitadas y poco vistas por el ojo común, esas montañas que tienen poca o nula información y donde siempre existe una nueva ruta por abrir y donde hay un poco más de emoción en su ascenso. Por eso el Punta Canaletas me atrajo tanto.

Como Claudia (mi pareja de años) estaba de cumpleaños y lo celebraba el sábado, salí el domingo rumbo al cerro (si partía el sábado, mejor no volvía…). No partí muy temprano pues el fin de semana anterior ya había intentado ir al mismo cerro y no lo había encontrado muy largo. Craso error, la aproximación al cerro es realmente larga, cansadora y agotadora.

Partí caminando por el filo oeste del cerro desde mi camioneta a las 10:30 AM aproximadamente, confiando en llegar antes de las 5PM a un buen lugar para vivaquear cerca de la base del cerro, pero a duras penas alcancé a llegar a un lugar plano a una hora de la base ya al anochecer. La subida es muy parada, todo el tiempo en pendiente y sin ninguna parte plana para descansar caminando. Por eso me tomó más de 7 horas llegar hasta este nevero plano donde pude cavar un poco en la nieve y tirar mi saco de dormir. Por lo menos las vistas son hermosas y a medida que iba subiendo, veía aparecer otras bellas montañas de la zona.

image

image

image

image

 

Al día siguiente desperté un poco tarde (7AM) pues estaba cansado del día anterior, así que derretí nieve suficiente, me vestí y partí rumbo al cerro. Ya sabía que el cerro no era fácil, pues toda la cara oeste es con farellones de roca de mala calidad (y también la sur y la este), con varias canaletas ciegas entre medio. Bien lejos, a la izquierda se veía un canalón que podría ser más fácil y que dejaba en un gran acarreo que a su vez lleva al filo entre el San Francisco y el Punta Canaletas, pero no digo que soy porfiado?, lo encontré muy lejos y decidí subir directo por un nevero de 35º hasta la base de las paredes de roca, donde tenia la idea (o esperanza más bien) de que había una pasada justo debajo del muro más grande hacía un canalón que había visto desde mi campamento.

 

image

image

 

La subida no fue fácil, la nieve media blanda producto de un invierno seco y caluroso hicieron que lo que parecía cerca y sencillo se convirtiera en lejos y complicado. Una vez que llegué arriba, rodee unas rocas y llegué a un punto donde divisé este canalón, claro que al otro lado de un abismo de unos 100 metros infranqueable. Decepcionado, pero sin ninguna intención de darme por vencido (porfiado el hombre) partí rodeando el murallón de roca hacía el sur, donde a medida que iba subiendo ya había visto una posible alternativa en caso de que el plan A no funcionara.

image

image

image

 

A medida que me iba acercando, se iba abriendo un ancho canalón en la pared por donde se veía una escalada fácil y con buenas posibilidades. Luego de unos cuantos pasos de escalada sencilla, me encontraba en medio de esta pared que era relativamente fácil, pero que no se podía desescalar pues todas la roca estaba con tomas romas o cubierta por maicillo resbaloso, y yo andaba sin cuerda ni equipo de roca, por lo que la única opción era seguir subiendo. Así lo hice hasta que encontré un canalón con algo de nieve que no me daba mucha confianza tampoco (ya veía que se mandaba cerro abajo conmigo arriba), así que subí esos últimos 100 metros al estilo Usain Bolt. Iba subiendo tan rápido que casi no me doy cuenta de que ya había llegado al filo cumbrero pues estaba a un metro de una cornisa que caía hacia el lado este en forma vertiginosa por unos 1.000 metros. Me asomé con cuidado y subí los últimos metros hasta la cumbre, que según mi GPS tiene 4.070 metros.

image

image

image

image

image

Ahí me di cuenta que para bajar solo tenia la opción de seguir por un pequeño y ruinoso filo muy aéreo y expuesto, y de verdad me preocupé. No podía desescalar por donde había subido ni menos por las otras dos caras. Luego de unas fotos de rigor, partí a ver ese filo y como podría sortearlo. Para mi alivio, detrás de unas rocas encontré una pasada por debajo del filo que me iban a sacar de ahí en forma segura. Por primera vez desde que comencé a subir el primer nevero pude tomar agua, comer y descansar, pues en el afán de llegar a la cumbre, no había parado ni una vez (y una vez escalando no tenia donde).

image

image

Luego de mi descanso, partí de vuelta rodeando ese filo expuesto y luego retomando el filo ya más ancho en dirección al San Francisco. A poco andar encontré un agradable acarreo de roca suelta para bajar rápidamente, claro que llegué hasta los farellones de roca por lo que tuve que seguir rodeando hacía el norte hasta que encontré una pasada entre las rocas y pude seguir bajando por otro acarreo bastante bueno hasta un gran nevero que me llevó a ese canalón lejano que había visto en la mañana antes de subir. La primera parte es muy empinada, de unos 55º, así que la bajé con bastante cuidado para luego seguir por lo que pensé que eran neveros duros, pero que ya con el calor del sol de medio día estaban blandos y me enterraba bastante a cada paso. Llegué a las 3PM de vuelta a mi vivac, derretí nuevamente nieve, comí algo, guardé mi equipo y comencé a bajar. Quería llegar con luz de día a mi camioneta y como el sol se esconde a las 6PM, tenía 3 horas para bajar lo que me había tomado 7 en subir. Nuevamente el espíritu de Usain Bolt me poseyó y en poco más de dos horas estaba en mi camioneta, más cansado que caballo de bandido pero súper feliz con lo que había logrado. Así que guarde mis cosas y partí hacia el cajón de Morales donde al día siguiente iba a hacer una clase a personal de Tatoo sobre técnicas de montañismo invernal. 

image

image

image

Quiero agradecer a Tatoo por su total buena onda, me ayudan en lo que pueden y me dan días libres del trabajo para poder dedicarme a lo que tanto me apasiona, que es subir montañas. Gracias totales!

Esta vez usé las botas Scarpa Triolet, que son increíbles, desde el trekking hasta la escalada en roca y las caminatas en nieve se portaron fantástico, muy cómodas y creo que sin lugar a dudas son de las mejores botas multi funcionales del mercado. http://cl.tatoo.ws/catalog/search?q=triolet&x=15&y=5

También usé el nuevo saco Kelty Ignite, con pluma drydown (tratada contra la humedad), y debo decir que vivaqueando en nieve con 8º bajo cero no pase nada de frío y dormí muy cómodo. http://cl.tatoo.ws/catalog/search?q=ignite&x=14&y=3

Por Fernando Fainberg, gerente de compras de Tatoo Chile y guía/instructor de montaña FEACH.

 

Deja un comentario