Jul

03

GUERREROS DE TERRACOTA


Pan de Azúcar, Pared Oriental.

500 metros, 5.13+/A2+

Santiago Contreras, María Mónica Rodríguez, Diego Cortés

2012 – 2013

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En enero de 2012 un equipo de escaladores conformado por Santiago Contreras, María Mónica Rodríguez y Diego Cortés Guzmán decide iniciar una aventura alucinante: abrir una nueva línea en la pared oriental del Pan de Azúcar, en la vertiente sur de la Sierra Nevada del Cocuy, Güicán y Chita. Queríamos ir directo, por la línea más recta en el centro de esta tapia que se eleva unos 500 metros de pura verticalidad, tratando de buscar sistemas de fisuras francas que nos llevaran hacia la cima, pero el escenario es otro totalmente diferente, ya que en está pared cómo en muchas otras de la Sierra la roca es bien sólida y se presentan ante nosotros cientos de metros cuadrados de pared prácticamente lisa en la que difícilmente puedes encontrar sistemas de fisuras desde la base hasta la cumbre. En los costados de la pared la roca es un poco más quebrada y es allí donde se ubican las otras tres vías de escalada abiertas hasta el momento en la pared. Luego de algunas discusiones del equipo acerca del estilo en el que deberíamos emprender la apertura de ésta línea iniciamos la tarea con una chapa a unos 4 metros del suelo que te manda directamente a una pequeña fisura donde se puede proteger con seguros móviles. Este era mi dilema, yo no quería abrir una línea estilo “Compressor” como la de Maestri en el Cerro Torre, quería una línea impecable y aventurera, que exigiera lo mejor de mi ser escalador para lograr ascender este océano vertical, esto ocasiona que la aventura se intensifique, que la escalada se convierta en un experiencia de vida aún más intensa, pero la realidad es que está pared ofrece una escalada totalmente exterior, una escalada de placa muy continua en la que las fisuras aparecen y desaparecen de forma caprichosa. La decisión era irrebatible, el uso del parabolt casi que obligatorio y taladro en mano comenzamos una lenta progresión combinando escalada artificial y libre, colocando chapas en los lugares adecuados y respetando al máximo cada centímetro de fisura que nos ofrecía la pared. El resultado de esa temporada fueron casi 5 largos de escalada deportiva con algunas secciones de fisura donde se deben colocar seguros de forma precisa, delicada y creativa ya que en muchos lugares no es del todo evidente esta protección. El único largo liberado en esta ocasión fue el primero, que Santiago encadenó y que son 50 metros de escalada mixta (chapas y seguros móviles) con un buen componente psicológico debido a algunos alejes entre las chapas donde se puede proteger o donde la progresión es “fácil”, la dificultad: 5.12c (7b+). Los siguientes dos largos eran tanto o más difíciles y los otros dos siguientes aflojaban un poco. Cinco agotadores días de trabajo, una noche en la pared y el resto en el vivac de la base, nos dejaban la mirada fija en la mitad de la ruta, el punto más alto alcanzado quedaba a unos 240 metros desde la base y nuestro objetivo quedaba aplazado hasta nueva orden.

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Tuvo que pasar un año completo para reorganizar nuestras fuerzas y el 14 de enero de nuevo estábamos con la carga lista para montarla a las mulas de “el mono” Herrera y darle sin parar hasta la Laguna de la Plaza, luego al vivac, luego a la pared, luego a los mosquetones desde donde rapelamos en el quinto largo y luego a ver que sigue más arriba, que sólo lo hemos visto desde lejos pero cuando estás ahí debajo, es otro asunto… Nos tomó dos días llevar comida, equipo de escalada, porta-ledge (carpa de pared), chapas, taladro, clavos, martillos, estufas y todo el montón de cosas que necesitábamos para el vivac y para terminar la tarea en la pared. El segundo día de porteo no fue sino quitarse el petate pesado, como unas dos arrobas pasaditas y nos fuimos a fijar los dos primeros largos de la ruta para ir adelantando camino hacia el final del tercer largo donde habíamos vivaqueado la temporada pasada y repetiríamos en esta ocasión. El resultado fue la liberación del segundo largo que marco cómo otros casi 50 metros de 5.12d (7c) no tan continuo ni extremo cómo el primero pero bien cargado de picante. Fijamos cuerdas en los primeros cien metros y descendiendo hacia el vivac vemos que Santiago y el otro equipo de escaladores que estaban en la pared (Toño, Sergio y Jorge) se dirigían hacia la gran chimenea que se forma en el lado izquierdo de la pared a recoger agua para el vivac, cuando los sorprende una avalancha de roca desde lo alto de la pared, rápidamente se pegan contra la pared y acurrucados cómo esquivando balas en medio de la guerra se protegen de un tremendo bombardeo que cierra con un bloque del tamaño de un microondas que levanta el suelo como si fuera una granada explotando a menos de dos metros de Santiago, que estaba más alejado de la pared. La visión de un accidente grave fue terrorífica, pero la montaña perdonó a estos mortales está vez y aprovechando la mínima tregua se retiran velozmente de la escena. Muy afortunados, además pudimos encontrar agua escurriendo de la pared y nos abastecimos lo suficiente.

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Dos días más para abastecer el vivac de la pared, arriba del tercer largo y al otro día el reencuentro con la tarea inconclusa, el final del quinto largo. Este largo es todo un espectáculo, una fisura franca, estrecha como para los dedos, veintitantos metros ligeramente desplomados con 250 metros y un patio que va hasta el final de los llanos, alucinante, y continuo, 55 metros de escalada mixta luego de que la fisura desaparece tal y cómo aparece. Finalizamos este maravilla de largo, y jalamos hasta tarde uno más que sale en libre, más amable que todos. Fijamos cuerdas, rapelamos hasta el vivac del tercer largo, que llamaríamos 301 y a descansar. Al otro día 150 metros de ascenso por cuerda para desayunar y 4 horas de artificial para el almuerzo y al final del día estábamos en la reunión del séptimo largo e iniciando el octavo, con un abastecimiento de agua descongelada escurriendo en la repisa y un vivac de lujo al final del pasillo. 150 metros de descenso hasta el 301 y 150 de jumar antes de la cena para abastecer un poco el vivac que haríamos esta noche al final del séptimo largo, el 708. Estábamos a unos 360 metros escalados desde la base, a unos 4.800 m.s.n.m. más o menos, a unos 150 del final de la pared, pero la última batería del taladro perdía potencia, la última broca en la pared perdía filo y los arrieros nos recogerían en tres días. Esta noche de vivac cargada de ansiedad y cansancio, nos llenaba de motivación. Nos levanta el alucinante paisaje, una vista de casi 360 grados del colorido amanecer sobre las nubes algo de comida y bebida y a trabajar. Buscamos una salida un poco a favor y hacia la derecha de la repisa pero la escalada del octavo largo se complica más de lo que parecía, sin fisuras visibles y con batería para uno o dos huecos más y unos quince metros hasta la siguiente repisa, se complica más. Luego de un extenuante trabajo de jardinería llegábamos al final del octavo largo y se asomaba ya la roca descompuesta de la parte alta de la pared. Un poco más a la derecha una fisura franca pero con algunos bloques al final, nos deja en la base de los últimos cien metros de morrena hasta el final de la pared. Emocionados caminamos un rato por el glaciar pero las nubes nos cubren y la celebración dura poco y hay que bajar. De subida encontramos tres o cuatro descuelgues en esta parte final y los usamos para bajar. Recogemos el vivac 708, y seguimos para abajo. 150 metros más abajo recogemos el vivac 301, una pausa y continuamos rapelando los siguientes 150 metros hasta la base de la pared en medio de la noche. De despedida, a 50 metros del suelo luego de unos diez rapeles bien largos que se sienten al recoger las cuerdas, las muy se enredan con ganas y me gano los últimos cincuenta metros de ascenso nocturno por cuerda para destrabarlas y poder seguir bajando.

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Estamos en el suelo, lo logramos, terminamos, abrimos la vía, le pusimos nombre desde que comenzamos, se llama “Guerreros de Terracota” y la hicimos en gran parte, en honor a todos los del parche escalador cuyas vidas han sido transformadas o apagadas por el amor a esta vida de escalador que nos llena de tantísimas emociones, tantas que se nos desbordan del corazón y sacan lágrimas de alegría y a veces de dolor.

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