Mar

12

No todo lo que brilla es oro


Ni todo lo que se planifica sucede tal como se espera. Eso es lo que me ha pasado en los últimos meses de verano acá en Chile.

He tenido varios proyectos interesantes, algunos muy interesantes, pero por una u otra razón, no se han podido concretar, aun estando en el lugar mismo.

En enero tuve la ocasión de viajar a Ecuador, lindísimo país que me encanta y cada vez que voy trato subir alguno de sus emblemáticos volcanes. Esta vez no fue la excepción y cuando supe que iba a Quito a la reunión anual de Tatoo Adventure Gear, le escribí de inmediato a mi buen amigo Felipe Borja para que me acompañase a subir el Cayambe, uno de los volcanes más lindos de Ecuador. Con Felipe en el Pasado y habíamos subido el Cotopaxi y el Chimborazo, llegando a la cumbre en ambos, por lo que nos conocemos bastante bien como cordada.

Esta vez sin embargo no tuvimos la misma suerte. Ya cuando llegué a Quito, el clima era frío y lluvioso y se mantuvo así durante el fin de semana que teníamos planeado subir. Llegamos al refugio del Cayambe en la tarde del sábado (el viernes en la tarde había aterrizado en Quito) y después de comer algo, directo a dormir, esperando las 00:00 para levantarnos y partir hacia la cumbre. Esa noche el tiempo mejoró bastante, teniendo una noche despejada y clara mientras subíamos, lo que no impidió que metiera una pierna completa en una grieta (luego le tocaría a Felipe), lo que nos puso en alerta, pues en Ecuador, sus volcanes tienen enormes glaciares con enormes grietas y algunas más pequeñas pero que se tapan fácilmente con nieve, siendo muy peligrosas.

Luego de sortear varias grietas enormes, algunas de ellas muy singulares, llegamos a una gran rimaya que está justo debajo de la cumbre, la que para nuestra desgracia, tenía su puente de nieve muy delgado y frágil, lo que lo hacía imposible de pasar. Caminamos un poco y la rimaya seguía gigantesca, por lo que discutimos nuestra situación y como yo estaba bastante cansado y se estaba cerrando rápidamente el volcán, decidimos comenzar a bajar, ya que estar en medio de ese glaciar con tormenta no es cosa fácil. Efectivamente, una vez que llegamos al refugio, comenzó a nevar y el volcán se cerró nuevamente.

Igualmente quedé contento con la experiencia, pues el volcán es maravilloso y solo el haber estado entre medio de su gigantesco glaciar valió la pena el esfuerzo.

A la vuelta de Ecuador tenía planeado ir con Gonzalo Vilches a intentar una nueva ruta en el “Nevado sin nombre” y todo iba bien, pero un par de días antes de partir, me llama Gonzalo y me dice que tiene unos problemas personales y que debe dirigirse a Pucón, ciudad a 800 KM de Santiago donde él vive,  y que no iba a poder ir al cerro. 

Luego de maldecir en silencio y más tarde a viva voz, me fui a escalar con algunos amigos a una zona cerca de Santiago.

Pero no importa, pensaba, pues me quedaba una interesantísima expedición con mi buen amigo Mono Saenger a recorrer y explorar una zona de la cordillera de Tricauco, que tiene al parecer unas excelentes paredes de granito de hasta 300 metros.

Todo iba bien, hasta que varios días antes de la salida, me dice que tiene problemas en su rodilla y que probablemente se tenga que operar. Quedamos en aplazar la salida en espera de lo que le dijese el doctor, que finalmente fue que no necesitaba operarse. Fijamos la fecha de salida y todo listo, pero… el pronóstico del tiempo decía fuertes lluvias para ese fin de semana. Le dije vamos igual, pero luego esa semana tuve algunos problemas físicos y finalmente tuve que desistir de ir a esta esperada (por mi) salida. Mono fue igual con otro amigo y le toco lo que se esperaba, fuertes lluvias que le impidieron siquiera ponerse la mochila y caminar.

Entre medio (y como me quedaban fines de semana desocupados), con otro amigo, Víctor San Martín habíamos salido a escalar en la zona del cajón del Maipo, por lo que cuando lo invité a escalar la aguja Snickers, ubicada en el sector del valle del mesoncito, con una ruta de 6 largos y un excelente diedro, aceptó de inmediato.

Preparamos todo el equipo y partimos un sábado en la tarde, con la intención de vivaquear arriba, cerca de la zona de escalada. Como a las dos horas de caminata, a la mitad de la subida, Víctor me comenta que tiene un dolor fuerte en el abdomen. Con eso, se nos hizo más lenta la aproximación, llegando a las 11:30PM y muy cansados a lugar de campamento. A las 11:32PM comenzó a llover, a las 11:35 llovía fuertemente y el resultado fue una desagradable y mojada noche de vivac. Por suerte, llevé mi softshell en vez de la parka de pluma, pues fue lo que me salvó de mojarme y enfriarme, ya que mi saco de plumas, quedó bastante  inútil con el agua.

Al día siguiente, amaneció como si nada, totalmente despejado, así que guardamos todo el equipo mojado y nos fuimos a la pared. Cuando estábamos a medio camino, escucho el grito de Víctor que me dice con señas, hasta aquí llego.

Aquejado del mismo fuerte dolor abdominal, decidimos descansar y aprovechar el sol para secar los sacos y el resto del equipo mojado. Por mientras fui a investigar más de cerca la pared y se ve muy entretenida. Lástima.

Bajamos lentamente camino a mi camioneta y como en la bajada le dolía bastante, en algunos tramos  le ayude a bajar su mochila, llegando en la tarde a ella, y de ahí de vuelta a Santiago y Víctor al doctor. Más tarde me confirmaría que era un ataque a la vesícula, y que pudo haber sido un asunto muy serio si nos demorábamos más en bajar.

La otra semana ya salgo de vacaciones y cómo vamos con Claudia a Brasil, no creo (espero!) que el plan de playa, caipiriñas  y relajo sufra alteraciones, como me pasó con todas las salidas que tenía programadas durante el último verano.

Juro que el segundo semestre me desquito!!!

Por Fernando Fainberg.

Equipo usado:

RAB Baltoro Guide Softshell, por lejos el mejor softshell que he usado. 

RAB Trekklite pant, para ser tan liviano, resiste bastante abuso. 

 

Deja un comentario