Abr

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Retorno a Patagonia


El verano pasado tenia la necesidad de volver a escalar en la Patagonia chilena. Para este viaje tenia que ir con mi amigo Francisco “Gigio” Rojas.  Este viaje no solo tenia un sentido deportivo o de expedición sino algo mas allá de esos temas a veces tan sin sentido insustanciales.

No había vuelto a escalar en la Patagonia desde que tuvimos el accidente con el “Gigio” en el 2008 cuando,después de escalar la aguja Mermoz, descansábamos a media pared en la bajada y un gran desprendimiento de rocas nos cayo encima, llevándonos a nuestro limite por unos segundos, sin saber si moríamos o sobreviviríamos. Las rocas golpeaban por todos lados, y no podíamos movernos ya que estábamos anclados a la pared. En sentimiento de estar entregado a la incertidumbre fue muy fuerte.

Para esta expedición, el objetivo se venia hace un tiempo conectado con el deseo y la motivación de escalarlo; la montaña sería el cerro Fortaleza, escalado en primera ascensión el año 1968 por escaladores ingleses.

Después de días y horas de incertidumbre, finalmente partimos a finales el 30 enero rumbo a Pta. Arenas en donde nos quedamos un día comprando la comida y las ultimas cosas necesarias para la escalada.

En Puerto Natales nos quedamos en el alojamiento que gentilmente nos consiguió mi amigo Cristian Oyarzo de “Turismo Fortaleza”, quien también me facilito el resto de equipo que necesitábamos.

Salimos temprano al parque nacional Torres del Paine, y luego de hacer los tramites de permisos, abordamos el catamarán que nos llevaría desde Pudeto a Paine Grande. El equipo para la expedición nos tomaría 3 porteos, los cuales los realizamos en dos etapas; Paine Grande- campo Italiano y campo Italiano-Campo Británico.

Luego de tener todo en el campamento, solo nos quedaba esperar el buen tiempo.

El fortaleza es un cerro grande y bastante largo por lo que necesitábamos una venta de buen tiempo lo suficientemente buena como para poder escalar y vivaquear en la pared.Esa ventana finalmente nunca llegó

El único día bueno según el meteo nos levantamos muy temprano y con todo para el Fortaleza, pero las nubes y el incipiente viento, no nos convenció mucho para intentar una escalada comprometida y larga así que optamos en escalar en el día bueno la clásica Aleta del Tiburón.

Rápidamente aligeramos las mochilas sacando el equipo de hielo y nos pusimos a caminar por el sendero que nos lleva a un cruce de rio bien complicado pero factible. El resto del camino a la base es muy agradable y con una increíble vista al valle.

El día esta frío  pero bueno.  En la base nos equipamos, tomo la punta y comienzo el primer largo. La dificulta no es alta, pero la roca suelta y los seguros lejos te obliga a escalar con cuidado.  Seguimos varios largos en simultaneo hasta que empezamos a asegurarnos.

El crux fue una pasada en travesía en adherencia con una laja invertida y verglás en algunas partes. La dificulta fue como 5.9, pero en la cabeza fue un poco mas.

El “Gigio” tomo la punta y siguió por varios largos mas, hasta que cerca de la cumbre estuvimos un poco perdidos, pero la intuición nos permitió llegar al ultimo punto de la Aleta, la cumbre. Felices nos fuimos de uno en uno asegurándonos a esa aérea terracita con una vista privilegiada al valle del francés.

Los rapeles fueron mas complicados que la escalada misma, debido a la siempre presente rocas sueltas.

El recuerdo del accidente estaba presente entre nosotros. Aunque nunca lo conversamos, con solo mirar al “Gigio” sabía que estábamos pensando en eso.

Yo estaba tranquilo pero muy atento, y fuimos bajando sin grandes inconvenientes, alcanzando a llegar con luz a la base de la ruta.

El camino de vuelta fue con una agradable noche para los estándares patagónicos.

Luego de cruzar el río nuevamente, llegamos a nuestro campamento hambrientos y felices.  Yo sabia que esa felicidad era mas que escalar una clásica ruta en la Patagonia, sino que era cerrar el circulo de lo vivido en el accidente.

Los días siguientes el clima nunca mejoro, así que decidimos bajar y despedirnos de nuestro proyecto. No hubo frustración ni pena, si no que un tranquilo retorno en medio del indomable mal clima patagónico. Mientras en mi interior crecían cada ves mas las ganas de escalar en estas maravillosas montañas.

Luego de unos días, nos fuimos de la Patagonia. Francisco se fue a unas merecidas vacaciones familiares en la playa y yo me fui a disfrutar un rato a Cochamo en donde junto a Claudio Aguilar escalamos la clásica ruta Camp Farm en el cerro la Junta.

Quisiera agradecer a Tatoo por darme un auspicio especial en sus productos, los que facilitaron esta expedición.

Por: Dario Arancibia

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