Sep

21

Simplemente Madagascar


Estoy sentado de copiloto en una cargo Van, enrumbado al extremo más norte de la cuarta isla más grande del mundo, Madagascar. Son las 11:30 pm y entre saltos y sacudones me vence el sueño y caigo dormido después de 3 días de viajar sin parar. A las 11:45pm me despierto con un frenazo seguido inmediatamente por un buen golpe en la cabeza contra el techo de la van y los inminentes insultos en Malagasi del chofer por no poder esquivar un huecarón en la carretera. “Se me acaba de reventar la llanta” me expresa utilizando gestos y onomatopeyas, mientras buscaba ansioso sus tabacos. Despierto y agitado por el sacudón, me bajo de la van a ver la llanta, pero el paisaje y la noche absorben mi atención y por fin concientizo de dónde estoy. La noche estaba clara, una de esas con estrellas y luna, y el paisaje quebrado se extendía sin obstáculos ni rastros de civilización hasta donde la vista me alcanzaba. África, estoy en África me dije a mi mismo, y una llanta reventada en la mitad de la nada le daba el toque de incertidumbre tan esencial en una aventura como la que fui a buscar. Avanzamos lento los siguientes kilómetros hasta un caserío, ya que la llanta de emergencia era estrictamente de emergencia, y las carreteras también. Con un poco de suerte conseguimos que nos presten otra llanta para llegar hasta el pueblo mas cercano donde a combazos le enderezaron al aro y nos ayudaron a soldar las heridas de la van donde 18 Malagasis y yo íbamos hasta la costeña ciudad de Diego Suarez. Por algunas razones no volví a pegar los ojos en las 26 horas restantes de viaje, la principal siendo, quizá, por ilusión de estar en esas tierras tan sonadas para mi.

Reparando el aro roto entrada la noche.

Reparando el aro roto entrada la noche.

Tráfico en el camino a Diego Suarez.

Tráfico en el camino a Diego Suarez.

Paisaje Africano

Paisaje Africano

Una vez llegado a Diego Suarez, me esperaban un par de horas más de viaje, bosque adentro, para por fin encontrarme con mis compañeros, Nicolás Navarrete, Felipe Guarderas, y Roberto Morales, que por razones de fuerza mayor no les puede acompañar en la primera parte del viaje como parte de nuestro proyecto Ecuador Escala: 7 Contientes – 14 Paredes (www.ecuadorescala.com). Una vez instalado en el campamento y asignado mi casa en el árbol, empezó la escalada! Los desplomes, huecos y tufas características de la roca caliza fueron nuestra principal fuente de diversión durante los días que nos quedamos ahí. Los horas se escurrían rápido entre aproximación, escalada y mi trabajo de documentar con fotografía y video nuestra travesía por el África.

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Mi cuarto en el árbol

 

La cocina del campamento

La cocina del campamento

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Bosque y atrás la roca

Bosque de Baobabs, árbol endémico de Madagascar.

Bosque de Baobabs, árbol endémico de Madagascar.

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Escalando.

El pasar de los días en Madagascar acentuaron en mi las razones por las que escalo. La escalada es una actividad difícil de explicar y menos aún de entender si no se la practica. Muchas veces siento que las razones por las que escalo no son del todo blanco o negro, existen muchos tonos de gris. En mi caso, este espectro ha fluctuado desde extrema felicidad hasta absurda obsesión, egoísmo e irresponsabilidad. Muchas de las enseñanzas mas valiosas que he recibido en mi vida me han dado las rocas (lo dije antes, es difícil de entender). A comparación de otros deportes, la escalada es compleja; existen nudos, equipo técnico, seguros, sistemas, comandos, éticas entre otras, pero irónicamente, encuentro la satisfacción de la escalada en la simplicidad. En la vida diaria tendemos a sumergirnos, consiente o inconscientemente, en ocupaciones inútiles, en problemas propios y ajenos, en el famoso internet, nos preocupa el futuro , nos estresa el pasado… La escalada me ayuda a identificar esos hábitos, y me planta en el presente de tal forma que me simplifica la vida en una forma literal.

La alegría de los Malagasis es contagiosa.

La alegría de los Malagasis es contagiosa.

Ramena y Diego_2015Jul11_1022

Los días que pasamos escalando en los bosques de Madagascar fueron gratificantes, fueron llenadores, fueron simples. Cuando se nos acabaron los días de escalada, decidimos tomar el camino más largo para regresar a la civilización. Una caminata por la costa que recorría tres hermosos bahías nos llevaría al pueblito de Ramena, para luego continuar con nuestro viaje por el África. Fue algo corta mi estadía en Madagascar, pero me guardo recuerdos válidos de las experiencias que viví ahí.

Ramena y Diego_2015Jul12_0670

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Ramena y Diego_2015Jul11_1052

Próximo blog: Sur África: Watervol Boven y Safari en Kruger National Park.

 

 

 

 

About Santiago Espinosa

Fue campeón nacional de tenis a los 18 anos, jugó tenis semi profesionalmente. Escalador, montanista, fotografo, jinete, guia, instructor, ex tenista?, aficionado al campo, adicto a los viajes, y surfista wanna-be.
 

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