Dic

02

Trekking en los Alpes Berneses en Suiza


Trekking Alpes

Como otras veces, por mi trabajo en Tatoo Adventure Gear me tocó ir a la feria Outdoor de Alemania, y como otras veces Tatoo no tuvo problemas en que me quede unos cuantos días después para aprovechar de hacer algo en Europa. Esta vez fui a recorrer los Alpes Berneses, los que son famosos pues el Eiger y toda su historia forma parte de ellos. Y esa montaña era la quería conocer (a lo mejor al igual que el Grand Teton hace un año, la termino subiendo).

Sin saber qué hacer, planifiqué el viaje buscando en Google Earth algún recorrido que se viese entretenido y desafiante y así llegué a la idea de partir en el pueblo de Kandersteg para caminar por tres días alojando en refugios de montaña hasta llegar al valle de Lauterbrunnen, donde llegaría a la base del Eiger. Algo que hace muy fácil viajar en Suiza es su inmejorable red de trenes, así que llegar de Zurich a Kandersteg me tomó un poco más de dos horas con solo una combinación en Berna.

lago oeschinen

Llegué a Kandersteg a las 11 de la mañana y ya sabía que tenía que caminar hacia el lago Oeschinen, el que se veía muy lindo en las imágenes de Google, pero que al verlo en vivo uno se da cuenta que ni una foto le hace justicia pues es el lago más hermoso que me ha tocado ver, rodeado de montañas y glaciares, paredes verticales y bosques y con un color turquesa  que hacen querer quedarse los 5 días solo ahí. Pero el día avanzaba y yo quería llegar al refugio BlüemlisalpHütte SAC, que se encuentra a los pies de los glaciares del Blüemlisalp, una montaña de 3.661 metros. A medida que seguía subiendo, se iba nublando cada vez más y los bosques y la gente iban desapareciendo, hasta que quedamos solo dos parejas y yo en el camino. El sendero es bien marcado y señalizado y a los 2.500 metros se puso a llover fuertemente durante un par de horas (espacio publicitario: Mi chaqueta Softshell Lowe Alpine Stormforce resistió con fiereza el mal tiempo y se mojó apenas un pedacito en el brazo derecho), pero por suerte los letreros que hay en cada intersección del camino son bien precisos y hasta dicen el tiempo que se demora uno en llegar, así que sabía que me faltaban poco para llegar al refugio.

El sol volvió a salir y pude secarme antes de que cerrara de nuevo, pero eso ya fue cerca del refugio así que no me preocupé. El refugio, como todos en Suiza es grande, cómodo, calientito, con camas con colchones y mantas por lo que solo hay que llevar una sábana liner y alguna ropa de recambio. La estadía incluye la cena (espectacular), el desayuno y la conversa con el resto de los trekkeros o montañistas que llegan cada día. Ahí conocí a una pareja que estaba haciendo el mismo recorrido que yo y con quienes hice amistad. Lo mejor fue a la hora de pagar, pues por ser socio del DAV y guía de montaña (con el carné vencido) pagué solo la mitad.

 

 

Al día siguiente partí temprano pues se venía un día largo ya que pasaría de un valle a otro, pasando por el refugio de GspaltenhornHutte SAC sin quedarme ahí, y siguiendo hasta el refugio de RotstockHutte, que es privado. (los SAC son refugios del club alpino Suizo). El tiempo había cambiado y solo había nubes abajo en el valle, pero yo tenía que bajar abruptamente 800 metros de desnivel para luego meterme hacia el valle del Gspaltenhorn, de 3.723 metros. Según los letreros, me llevaría 8,5 horas caminar hasta RotstockHUtte, pero finalmente lo hice en 6 horas. La primera bajada es matadora pues es muy abrupta y al ver a lo lejos el otro sendero se me ocurrió acortar camino a lo derecho, lo que me llevó a meterme en terreno irregular lo que terminó siendo más cansador (pero más entretenido pues estaba solo entre las montañas). Después de la fuerte bajada, el sendero se mete al fondo del valle y pasa por encima de las morrenas del glaciar que baja del Gspaltenhorn. Aquí me topé con un trío de casi ancianos que estaban trabajando en mantener el sendero seguro, pues como se derrite el hielo de la morrena, había rocas que podían caer y ellos las botaban antes. Se notaba que estos señores eran montañistas o trekkeros de toda la vida y no tienen problema alguno en ir a trabajar arreglando senderos (cuanto nos falta de cultura de montaña en Chile). Bajé por una escala de aluminio (igual a las de Torres del Paine) y salí del cruce del glaciar para empezar a subir de vuelta esos 800 metros de desnivel que había bajado en la mañana. Es el mismo sendero que lleva al refugio de GspaltenhornHutte SAC, pero que se desvía al oeste y continúa bordeando unas paredes de roca en dirección a Griesalp (un pueblito similar a Kandersteg que queda en el fondo de un valle). El sendero sigue bordeando y me toco una pasada larga por nieve que estaba blanda, pero con una buena huella marcada hasta llegar a la última subida pronunciada que me dejó agotado.

 

 

Después de esa subida y un último recodo y estaba en el paso de Sefinenfurgge a 2.612 metros, desde donde tuve mi primera vista a lo lejos y entre nubes del Eiger. Me quede un buen rato tomando fotos y observando esa maravillosa e imponente montaña acompañado de unos Steinbock, tipo de cabra alpina de imponentes cuernos, a los que me acerqué bastante para tomar fotos hasta que el macho dominante se paró a un par de metros más arriba y me lanzó un bufido como diciendo “que te pasa?”, así que volví despacito a mi contemplación del Eiger y las otras montañas que ahora aparecían entre las nubes como el Mönch y el Jungfrau.

steinbock

Desde el paso, vi que el sendero pasaba cerca de un par de lagos alpinos pero que no iba hacia ellos, así que nuevamente me salí del sendero y partí a ver esos lagos, que realmente valen la pena la visita. Me quede un buen rato en ese lugar pues la vista de las montañas es impresionante.

Llegué al refugio bien cansado y pedí que me prepararan una paila de huevos revueltos con pan, algo que parece que no es muy común pues me miraron con cara de Plop, pero igual la hicieron. Hablé con Luzia por mi reserva (hay que tener espacios reservados por internet con bastante anticipación pues se llenan) y deje mis cosas en mi camastro y salí a un mirador a disfrutar de las vistas y descansar. Otra vez una muy buena cena y a dormir. Lo bueno es que también me hicieron 50% de descuento, no por ser socio del DAV, sino por ser guía (con el carné vencido).

 

Eiger Mönch Jungfrau

 

Al día siguiente partí con rumbo a Lauterbrunnen, un pequeño pueblo que queda en un valle rodeado de paredes verticales. Elegí un sendero que va bordeando el Schilthorn, una pequeña montaña de 2.970 metros, y que me permitiría ir todo ese día viendo las montañas al otro lado del valle, que incluyen el trío más famosos de los Alpes, el Eiger, el Mönch y el Jungfrau. Las primeras horas las hice en total soledad lo que sumado a un excelente tiempo hizo muy agradable la caminata. Después de bajar hacia Schiltalp comencé a encontrar trekkeros por doquier que iban a subir el Schilthorn por la ruta de Brig. Aquí también empecé a ver los primeros teleféricos. Pasado Schiltalp nuevamente estuve solo en el sendero y aproveché una de las bancas que ponen cada cierto tramo para descansar y tomar más fotos de las montañas. Vi el pueblito turístico de Murren más abajo, pero yo pasé bastante más arriba, por el sector de Sonnenberg y Allmendhubel para seguir mi camino hacia Grütschalp, donde bajaría a Lauterbrunnen.

 

 

En Sonnenberg comencé a ver los primeros grupos de japoneses y asiáticos dirigidos por una guía con una banderita roja. Sin embargo, al distanciarme unos 400 metros por el sendero, nuevamente estuve bastante solo, encontrando solo algunas parejas de caminantes y un toro que me echó la foca pues tuve la mala ocurrencia de mirarlo fijamente. Pasado ese percance llegué al último desvío hacia Grütschalp, sector donde decidí bajar al valle en un teleférico pues ya había caminado más de 6 horas y estaba bastante cansado. Que felicidad es bajar 500 metros de desnivel en teleférico cuando se está cansado. La estación del teleférico está justo a media cuadra de mi hotel, el Steinbock, en Lauterbrunnen, donde me quedé esa noche. Esa tarde salí a recorrer el valle, que es impresionante, pues es similar a Yosemite aunque con paredes un poco más chicas, solo entre 300 y 600 metros, pero que tiene unas enormes montañas y glaciares al fondo, lo que lo hace para mi gusto, más dramático y bonito. Una buena idea sería quedarse un par de noches y arrendar una bicicleta y recorrer el valle completo pues es bastante largo.

Valle Lauterbrunnen

Como estaba ya medio cansado, decidí que los siguientes días solo haría trekkings cortos pues aquí los acercamientos los podía hacer en teleférico o en tren, ya que desde Lauterbrunnen hasta Grindelwald es la zona más turística de la región y hay todo tipo de facilidades.

 

La mañana siguiente tomé a primera hora un tren hacia Jungfraujoch, la estación de trenes más alta de Europa, que está excavada bajo un promontorio de roca justo en el collado entre el Jungfaru y el Mönch a 3.471 metros. Este viaje es increíble y vale la pena hacerlo pues este tren sube desde el valle de Lauterbrunnen pasando por el pueblito de Wengen entremedio de bosques de abeto, luego para en Kleine Scheidegg, la estación ideal para mirar el Eiger, el Mönch y el Jungfrau y luego sigue en dirección a la montaña y se mete dentro de ella por un túnel excavado entre fines del siglo XIX  y comienzos del XX, el que pasa por entre medio del Eiger y donde para en una estación que está justo en la famosa cara norte y a la altura de la travesía Hinterstoisser donde uno puede literalmente estar en medio de la pared. Luego sigue subiendo por dentro de la montaña hasta otra estación que esta vez mira hacia el otro lado del Eiger. Unos minutos después se llega a la estación de Jungfraujoch, que está construida dentro de la montaña y que tiene desde una galería excavada dentro del glaciar con esculturas de hielo, hasta restaurant y varios miradores, donde el más espectacular sin duda es el Sphinx que está unos 150 metros directamente arriba de la estación y al que se llega por el ascensor más rápido de Suiza. La vista desde aquí es magnífica. También bajé al glaciar y fui hasta el refugio de montaña MönchsjochHütte, el que se usa para subir el Mönch y las otras montañas de la zona. Que ganas de que en Chile hubieran estas facilidades de acceso y refugio, seguro que el montañismo estaría mucho más desarrollado.

 

 

En la bajada de vuelta me bajé en Kleine Scheidegg para comer y hacer un Trekking por la base de los cerros y luego seguí en el tren hasta el pueblito de Wengen donde tomé un teleférico que sube poco más de 1.000 metros hasta Mänlichenn donde estaba mi hotel para las siguientes dos noches. La vista desde este lugar es increíble para donde uno mire.

Lo único malo de esta zona es que está llena, repleta de turistas. Por todos lados pasan grupos, principalmente japoneses, que hace que se pierda un poco el espíritu de libertad que tenemos en nuestras montañas.

 

Por lo mismo, mi último día decidí conocer en modo turista y primero recorrí los alrededores de mi hotel que tiene unas vistas increíbles del valle de Lauterbrunnen y donde se ve hasta Interlaken.

 

Luego tomé un largo teleférico desde mi hotel hasta Grindelwald, donde un tren me llevó hasta el pueblo, el que es de un estilo como Pucón, pero más cuico. Aquí tomé otro teleférico bastante largo hasta First, un punto al otro lado del valle de Grindelwald donde se pueden ver las montañas en forma magnífica. First también es el punto preferido de despegue de los literalmente cientos de parapentistas que llegan de todo el mundo para volar cerca de las montañas, a veces tan cerca que pasan accidentes como un japonés que murió al chocar con una de las paredes de roca y caer al vacío (solo un par de días antes). En First hay un buen restaurant con una terraza que mira al valle y donde es agradable quedarse descansando y mirando el maravilloso paisaje. Lo bueno de llegar a este punto es que se puede apreciar lo majestuoso de otras montañas no tan famosas como el Eiger pero que a mí me parecieron hasta más impresionantes, como el Wetterhorn o el desafiante Titlis a lo lejos (que es una de las paredes más difíciles de Europa). Como el Teleférico de vuelta a Mänlichenn solo sube hasta las 5PM, partí de vuelta después almuerzo para llegar con tiempo y aprovechar de comprar algunos recuerdos en Grindelwald.

 

 

El último día bajé a Wengen por el teleférico y tomé un tren directo a Zurich, esta vez vía Interlaken, una ciudad muy turística que queda entre dos grandes lagos que me recordó mucho el sur de Chile y ciudades como Puerto Varas. Llegué a Zurich a almorzar y con eso se terminó mi viaje por los Alpes Berneses, un viaje que no voy a olvidar jamás.

 

Como datos, es conveniente reservar con anticipación los refugios y hoteles. Suiza es caro así que hay que desangrarse para comer bien. El clima desde Julio en adelante es bastante bueno, amaneciendo nublado en los valles pero despejado en las montañas, las que a media tarde se nublan y a veces cae lluvia fuerte.

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