Sep

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Volcán Ancoma (5.660 m): Nueva ruta por cara Sur (o el arte de aprender a respirar)


Siempre pisar una cumbre, más que haber ganado algo, es una muestra del desapego a la normalidad, la monotonía, la zona de confort, la tranquilidad que mañana es igual a ayer, y eso lo dominamos. Salir de ese ciclo y confiar en que siempre se pueden hacer las cosas distintas, es la mejor alegría y confirmación que seguimos vivos en este camino.

Relato por Cristian Vásquez Ortiz y fotografías por Cristian Vásquez Ortiz y Ernesto Ortiz

Me duele la cabeza. El oximetro marcó 56% de saturación de oxigeno llegando a cumbre. El cielo brilla, hay calma en el aire. La pala de nieve de bajada se ve limpia, nevada, una invitación a dejarse llevar por la pendiente inclinada, una monotonía de pasos controlando el pulso, el ritmo y la vista en la nieve. A poco más de 2 km se encuentra el campamento base, 860 m más abajo en altura. Dejamos atrás la cumbre del volcán Ancoma, hermano menor del Taapaca, quien en su conjunto constituyen el denominado Nevados de Putre. Triunfamos, nueva ruta por la cara sur en conjunto con el Regimiento Motorizado N° 24 “Huamachuco” de Putre, Región de Atacama y Parinacota. Hay alegría, emoción, y satisfacción por el objetivo trazado. Espera! Falta bajar…

El dolor de cabeza se mantiene. Fue hace unas horas que salimos de las carpas, 5 am de la mañana. En realidad empezamos a subir el cerro mentalmente a las 8 o 9 de la noche. Nadie durmió realmente y todos estábamos en una vigilia, culpa de la altura que aún no habíamos asimilado en nuestros cuerpos y mentes. Un caleidoscopio de ideas, sensaciones que van siendo trazadas como un disco dando vueltas y vueltas. Estamos aquí o ya en la cumbre del cerro?

La noche es clara. La luna alumbra todo el valle y los nevados y sus múltiples canalones que bajan por la cara Sur son iluminados por el satélite. La carpa es más una cueva, que nos protege del frío, de la temperatura y del medio agreste que es la altura. Me ahogo durmiendo al costado izquierdo, mi posición normal de velada en Santiago. La nariz no ayuda a que esto sea más fácil. Me sueno, una, dos, cinco, diez veces durante toda la noche. Me ahogo, hiperventilo para compensar. Visualizo y repaso: agua descongelada y en termo, check. Ración de marcha, check. Equipo técnico, en alguna parte afuera de la carpa desperdigado, check. Linterna frontal, en mi bolsillo, check. Duérmete cerebro, no check.

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Nuevo campo base de los Nevados Payachatas (4.800 m) Fotografía por: Cristian Vásquez

Salimos. Aire frio pega inmediatamente, en cara y pulmones. No hay rostros, solo luces que salen de nuestras cabezas, mochilas y gritos que nos llaman a salir y partir al cerro. La luna ayuda, se ve nuestro destino. Nos disfrazamos de astronautas y comenzamos a salir de nuestra zona de confort, como si en Marte estuviésemos. Me dejó llevar por la marcha regular y pausada. Inhala y exhala, cuántas veces hemos olvidado sentirnos vivos así?

Las niñas van adelante. La luz de las frontales iluminan sus zapatos sexis plásticos y el ritmo de avance es rítmico y a la vez, hipnótico. Repaso la ruta planeada, a la espera de encontrar el paso clave, el trix que marque el punto de no retorno, y el camino a la cima. Desde el campamento, el volcán Ancoma se funde con el Taapaca, a través de un filo que conecta ambos cuerpos piroclásticos. Desde la cumbre de nuestro objetivo, descienden al menos dos palas de nieve hasta aproximadamente los 5.000 m. La de la izquierda, se abre hacia la izquierda y luego sube empinada. La de la derecha sube recta, cargada hacia el costado oriente de la cima. Farellones rocosos de antiguos cuerpos de roca fundida parecen estatuas y columnas cual pórticos de aviso de cumbre hacia arriba. Pétreo, inmóvil y silencioso, el volcán nos invita a subir, y nosotros cual hormigas luchamos contra nosotros mismos por ascender. No hay descenso, solo falta de aire. No hay frio, solo soledad de ser tan pequeños entre tanta inmensidad. Continuamos respirando.

Aproximadamente a las 6 am estamos bajo la pala a cumbre. Hey! Buenos días, ahora puedo ver tu rostro. Estamos ahí, la Angélica, la Fran, Roberto, Ernesto, la Javi (chiquitita!), la Lore, la Pacita y la Trini. Nos equipamos para la nieve dura y la pendiente. Crampones vengan a nosotros, ración de marcha al estomago. Te caliente, oh gracias!, ingresa al cuerpo. Estamos alegres, helados pero vivos. El aire es delgado, lo siente nuestra nariz y el buff y balaclava trata de ayudar en algo, pero me ahogo, me muero! Cof, cof, ya pasó

Para esto nacimos.

 

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Preparación del ascenso al canalón poniente Fotografía por: Ernesto Ortiz

 

Nos internamos al canalón derecho. Este se presenta amplio en su base, con una pendiente sostenida de 45°, pero con una nieve cartón que no permite confiarse en el paso siguiente. A veces aguanta el peso de la pisada, a veces no. A veces el crampón muerde sus dientes, otras, bota entera se entierra y da paso al rosario de desahogo. Aprovechando el frio del amanecer, el primer tercio permite subir en línea recta, rápidos y directos. Piolet de marcha en la mano diestra, técnica mixta o francesa de cramponeo a libre disposición. Ascendemos, y el brillo de la nieve es implacable. La mecanización del ascenso permite sentir esa satisfacción interna de estar donde quieres estar, donde quieres sentirte vivo. Las horas acumuladas de entrenamiento, de frio, de preocupación para que ningún detalle de equipo nos pase la cuenta en estas horas del gran baile en el cielo, han surtido efecto. La pala de nieve se va angostando y ahora sí la nieve se arruino. Comenzamos a hacer zigzageos que más parecen una posta de objetivos entre cada giro: respira, 1, 2 3,4, detención. Respira, 1, 2, 3, 4, detención. Respira x 2, sigue la huella, 1, 2, 3, 4. Alto. Aire, aire! Ahh, ya paso…

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Sección media del canalón oriente de ascenso al Volcan Ancoma Fotografía por: Cristian Vásquez

El equipo de Fuentes, Montenegro y el resto de militares de combate lucha en avanzada sobre esta nieve cartón, de 40 cm de profundidad, que solo deja zig zagear para poder superar. En total, son casi cerca de 900 m lineales de ascenso, pero que se multiplican por 2 por el zigzag que nos permite superar la altura, la nieve y a nosotros mismos en este momento. Nuestra aclimatación fue in situ: una noche a 3.600 m en Putre, al día siguiente, un trekking de reconocimiento al base del Ancoma, hasta los 4.800 m, y luego descenso a Putre. Día siguiente subiendo al campamento base y aquí estamos.

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Todos para arriba! Fotografía por: Cristian Vásquez

La pendiente no suelta. Ganamos altura pero el cerro aún aleja. Pasamos las bandas de roca como columnas que aparecían a ambos costados del canalón, pero aún está lejos la vista a cumbre. Podremos subir? Nos pasará algo? La mente es el mejor musculo, y el más difícil de trabajar en montaña. Nuestra lucha interna, de arriesgar o cuidar. Somos microbios en este circo de montañas, pero de los resistentes, los que no se matan con una simple vacuna de normalidad y tranquilidad en el vivir.

Al fin llegamos al filo somital. Estamos raja.

Y vienen todos! Bienvenidos camaradas de penurias y alegrías. La cumbre no se ve pero se respira esa ansiedad y el saber que pasamos “lo más difícil”. Mentira, la dificultad la da nuestra propia constancia y porfiadez para seguir adelante. Hay mellas en el grupo, los zapatos nuevos a más de uno/una hicieron daño sobre los pies y piernas de las asistentes. Una exclamación de sinceridad sobre el calificativo de los zapatos y el daño que hacen a esta altura está muy bien permitido. Vamos, levántate y subamos este cerro 😉

Son pasadas las 2 pm y viene el pegue final. Todo o nada, la cumbre está ahí. Ahora es un acarreo en pendiente con múltiples afloramientos rocosos el que nos ralentiza la marcha. No votar piedras es la consigna, y el viento de cumbre nos avisa que falta poco. El valle de Putre está cada vez más abajo y la vista gana inmensidad y emoción. De pronto, una roca, un grito y una exclamación de alegría. Llegamos!!!

La escena es clásica pero no por eso no me alegra vivirla. Me alejo de la cumbre y doy lugar a que el resto la ocupe. Me coloco a 20 m en el portezuelo y veo todo como espectador. Cada uno llega, con lo que tiene. Es recibido, abrazado y felicitado por el logro. Civiles y militares nos abrazamos como hermanos de montaña, cada cual con su onda, su energía, su mística y su entusiasmo. Personas que no conozco, pero que al hablar de cerros vibra con la imagen de la nieve, la cumbre, el frio y la sensación de ir más allá de lo normal. Compartimos la inconformidad, el deseo de libertad, de querer ser los mejores. Anhelo y realidad, formulas para avanzar. Bien Huamachuco y CAU!!

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Panorámica de cumbre con volcán Taapaca de fondo. Primer plano, mi pie. Fotografía por: Cristian Vásquez

Y todos en la cumbre. Unos mejor, otros peor (me duele la cabeza!) estamos sobre el balcón del volcán Ancoma. Niños, ahora hay que bajar. Cuídense por favor.

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Comenzando el descenso desde cumbre por el corredor oriente del volcán Ancoma. Fotografía por: Ernesto Ortiz

El atardecer sobre la montaña se siente desde las 4 pm. La emoción de bajar por un tobogán y llegar rápido dejo felices y no tanto en el descenso. Prefiero caminar, la nieve es poca y no hay intensión de sacrificar los cuartos traseros. Bajamos con la Fran, mientras Angélica vuela en modo “me aburrí de bajar lentoooooo!!” próxima a nosotros. La ruta de descenso corresponde al canalón de la izquierda que analizamos al comienzo, y era mucho más extenso que el que tomamos como ruta a abrir. Pero para bajar es exquisito. Solamente en el tercio inferior, una angostura con una pendiente rozando los 60° se plantea como dificultad, en conjunto con que la sombra de la montaña ha vuelto a congelar la nieve, a 5.200 m. Estamos bajando de frente, sin crampones, cuando de pronto se me va un pie y vuelvo a ser un niño del curso de Montañismo I en el cerro. Unos metros de vértigo y suficiente. Giro en 180° y clavado de la pica sobre el hombro derecho, presión y fin del deslizamiento. Técnica de autodetención perfecta, aunque a la Fran no le pareció mucha gracia mi acto de felinidad.

  • Ehhh, parece que está un poco complicado para bajar de frente. Mejor desescala esta sección.
  • Como se desescala?
  • Shit…

De la forma más sencilla posible, entre la altura y la sombra que llena el canalón, hacemos un curso intensivo de “el maravilloso arte de desescalar y no caer” ahí en plena bajada en 60°. Se suma la Javiera y Ernesto a esta clase improvisada, aunque este último subvaloro la clase en terreno. 4 metros más abajo luego de reprobar bajando de frente, se hace parte de nosotros restantes tres dando la cara a la pendiente. Clavar piolet, mover piernas abajo en retroceso, patada firma y estabilizado. Ok, baja un piolet un poco más. Piernas abiertas a la altura de los hombros, estabilidad ok (o casi) y bajamos cerca de 20 m hasta retomar una huella por el borde de rocas y nieve. El resto ya está abajo. Nos esperan abajo nuestras cordadas respectivas. La Fran con la Angélica y Ernesto con Roberto. A mí, mismo me acompaña, así que luego de descendido el canalón y todos sanos y salvo, me entrego a Pink Floyd de bajada que sale de los audífonos, mientras la tarde muere en el cerro.

Lo logramos. Una sonrisa es más que mil palabras…

Para esto nacimos.

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Tracks de ascenso y descenso al volcán Ancoma 5.660 m. Nueva ruta cara sur. Track GPS por: Cristian Vásquez

 

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